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Ver c o m e n t a r i o s

Bulliciosos deportistas
buscaban antagonistas

Dos en la calle pelearon
y uno al hospital llevaron

Hermosísimas bacantes
pasmaron a los restantes

La venta de una doncella
causó una breve querella

En la oscuridad del baño
se amigaron como antaño

Andrés buscó solución
al enigma del balón

Hubo aplazos impiadosos
para mozos vigorosos

Otros fueron aprobados
y por todos admirados

Otro rindió un ejercicio
que no tuvo desperdicio

La madame enternecida
fue quedando seducida

Las chicas desenfadadas
rieron a carcajadas

Al perder la tumescencia
Andrés lloró de impotencia

Tras el beso estimulante,
gran refocilo danzante

Rompieron agradecidos
en elogios encendidos

Y al cabo del entrevero
salió un nuevo caballero.


Comentarios sobre Catre polifónico

Ver í n d i c e
De Antonio Di Benedetto, en La Razón, Cultura, (Buenos Aires), 8 de diciembre de 1985, p. 12, col. 1.

     ... esta peregrinación nocturna en pos de Norma no es recomendable a quien posea ojos castos o hipersensibles. La peregrinación fluye de una aventura juvenil, durante la pausa entre un entrenamiento de rugby y el enfrentamiento con una mesa examinadora en la facultad. Este trayecto, al principio callejero y empatotado, culmina en francachela alcohólica o, dicho de manera más depurada, en orgía, bien entendido que este vocablo designa excesos con el vino y otras seducciones.

     ... Por consecuencia, debe colegirse, este libro no se presta a ser una guía de castidad y, sin llegar a ser novela, como se le atribuye en la presentación (al menos no lo es según la caracterización corriente), representa un amenísimo relato que abunda en aciertos de orden narrativo, tales la descripción de la movilidad de ese conglomerado juerguista, sus tipos, y la destreza para llevar el diálogo con las "damas" que los provocan desde los portales y, más adelante en la acción, ya en interiores.

     Norma es justamente una de ellas, lo que antes en forma remilgada se llamaba pupilas, y la peregrinación que hemos caracterizado como "búsqueda de Norma" nos provoca asociaciones, tal la de "Esperando a Godot". Nada disparatada si se atiende a que Godot es una ficción y un absurdo, y no lo es menos la fantasía del placer que en la casa de Norma esperan hallar esos estudiantes, ni la virtud del simulacro de amor que en el fondo pretenden, a menos que vayan resignados a un amor bastardeado, lo que su entusiasmo no revela.

     Otra alternativa donde el escritor de origen bahiense radicado en Buenos Aires exhibe destreza es cuando establece la acción en dependencia de un partido de rugby con lenguaje propio del juego que, asimismo, socorre el pasaje de la pelea entre dos juerguistas; sin olvido -en nuestro inventario a favor- de los hábiles préstamos o saqueos de frases latinas y del texto de los códigos y otras fuentes del derecho...


De Luis F. Núñez, en La Nación, (Buenos Aires), 15 de diciembre de 1985, 4ta. sección, p. 5, col. 2-4.

     Un aire ligeramente rabelesiano recorre las páginas de esta novela en la que se cuentan las peripecias vividas por un grupo de jóvenes que, tras un partido de rugby, pasa una noche de juerga en una casa de tolerancia (el término "tolerancia" resulta insuficiente para calificar la casa y los sucesos que en ella se viven, la palabra de uso vulgar sería más eficaz).

     Los hechos narrados bordean el surrealismo pornográfico y son permanentemente recorridos por un humor descarnado, de cuño prostibulario, aunque su acumulación termine por restarle poder y lo convierta en un ejercicio vacío de contenido.

     Quizá lo más relevante de este libro lo constituye el uso de un lenguaje que recorre como en una modulación todas las escalas a las que es sometido, desde el argot más canalla hasta las austeras precisiones de la prosa forense. Quien esté más allá de ese interés probablemente quede defraudado, aunque si llega hasta la última página apreciará la habilidad del autor para hacer que los títulos de los capítulos puedan leerse como una especie de poema que en el índice resume el contenido del relato.


De Emilio Toibero, en Hoy, (Santa Fe), 4 de enero de 1986, p. 23, col. 1-3.

     José Andrés Sánchez Morete, promisorio wing tres cuartos del equipo de rugby "Los Troncos", cumple su rito machista de iniciación sexual en el festejo nocturno posterior al partido con el team australiano "The Cunts", en vísperas de rendir un examen universitario. En abierto tren de diversión lo acompañan rugbiers de las dos escuadras y un grupo de fieles periodistas dispuestos a omitir de sus crónicas cualquier derrota. Lo que ocurre en esa larga noche es el soporte diegético de la gozosa, divertidísima fiesta verbal a la que se entrega, sin intermitencias, Alfredo Becerra en su primera novela. Fiesta verbal que, a la manera de la mejor literatura contemporánea, admite numerosos registros estilísticos, una polifonía de voces literarias que van desde la épica homérica -sobre todo la Ilíada- a la negación contemporánea de la épica - el Ulises joyceano- pasando por los clásicos españoles (el Marqués de Santillana y San Juan de la Cruz, entre otros), Rabelais y las más que jugosas letras de tangos y boleros.

     Becerra demuestra saber que, terminando nuestro siglo, sólo puede hacerse meta-literatura, literatura sobre la literatura, y que es este manejo consciente de la palabra el que permite que estalle la narratividad, proyectándose hacia diversos, complementarios estratos de significancia y no de significación.

     Bien valen dos ejemplos. Los jóvenes parranderos, guiados por el capitán de "Los Troncos" -un Horacio que en más de una palabra recuerda a Aquiles-, buscan a Norma Pérez, la que inició a muchos de ellos, para que sea la sacerdotisa de José Andrés.

     Norma es una mujer que vive de su antiguo oficio, pero, también es "La Norma" a través de la cual se ingresa en "la normalidad" y, dentro del prostíbulo, comunidad organizada como cualquier otra, es la Norma Fundamental, la Constitución que deben estudiar los futuros abogados para aprobar el examen de Derechos Reales.

     En el gran refocilo danzante final, después que José Andrés recupera su tumescencia, estalla, orgiásticamente, la confusión de los cuerpos y una de las infinitas voces narradoras de este "catre" decide contarla como si fuera un partido de rugby. Por ese iluminador procedimiento las metáforas se van ampliando sucesivamente y los cuerpos entrelazados se vuelven el país todo, conformando así una intensa, peculiar visión de la Argentina, o, al menos, de muchos de sus más representativos estratos sociales.

     Leyéndola desde esta perspectiva no es para nada casual que al alejarse de la casa de placer, los héroes vayan cantando, tristones y soñolientos, una letra cuya única música posible es la de la Marcha de San Lorenzo, entonada mientras se asoma el sol tras el templo de los últimos Días.


De Le courrier des francophones, (Buenos Aires), août 1986, p. 8, col. 1-4.

     Le premier roman en espagnol abordant le rugby, même si ce n'est pas comme thème principal, Catre polifónico d'Alfredo Becerra a été consideré rabelaisien par des critiques éminents. Quel que soit le style adopté, il est certain que François Rabelais (1495-1553) n'aurait pas eu de problème à ce que son géant "Gargantua" ait joué au rugby dans un lupanar à Buenos Aires, s'il était vivant de nous jours. Beaucoup de publications ont ècrit à propos de Catre polifónico (Play boy, Clarin, La Razón, La Nación, Tiempo Argentino, El Periodista). Nous avons choisi parmi eux le commentaire d'Emilio Toibero (Hoy, Santa Fe, le 4 janvier 1986) à mon avis, le résumé le plus complet. Le voilà.

     Catre polifónico (Lit poliphonique) par Alfredo Becerra.

     José Andrés Sánchez Morete, une promesse du rugby, ailier trois quears de l'équipe "los Troncos" accomplit son rite "machiste" d'initiation sexuelle dans la fête nocturne après le match contre l'equipe australienne "The Cunts". Cela se passe la veille d'un examen à la Faculté. Por s'amuser dans le lupanar il est accompagné des joueurs des 2 équipes et de quelques journalistes très fidèles, tout prêts à passer sur n'importe quelle défaite dans leurs chroniques.

     Ce qui arrive dans cette longue nuit, c'est le support de l'argument de la joyeuse et amusante fête verbale à laquelle se consacre Alfredo Becerra dans son permier roman. Fete verbale qui, comme la littérature contemporaine, admet de nombreux registres de style, une poliphonie de voix littéraires qui vont despuis l'épique d'Homere -surtout l'Illyade- à la négation contemporaine de l'épique -l'Ulises de Joyce- en passant par les cassiques espagnols (le Marquis de Santillana et San Juan de la Cruz, parmi d'autres), Rabelais et les paroles les plus riches de tangos et de boleros. Becerra demontre savoir que, à la fin du XXe. siècle, on ne peut que faire de la méta-littérature, une littérature sur la littérature, et que c'est justement ce maniement conscient de la parole qui permet l'éclat de la narration, en projection vers diverses écheles complémentaires de significance et non de signification.

     It faut citer deux exemples. Ces jeunes hommes sont guidés par le capitaine de "Los Troncos" -un tel nommé Horacio qui ressemble á Achiles. Ils cherchent Norma Pérez, celle qui a initié beaucopu d'entre eux, pour qu'elle soit la prêtresse de José Andrés. Norma est une femme qui vit de son ancien métier, mais, cést aussi "La Norma" qui fait entrer "dans la normalité" et dans le lupanar, une communauté organisée comme n'importe quelle autre, c'est la Norma "Fondamentale", la Constitution, que doivent étudier les futurs avocats pour réussir l'examen des Droit Réels. Finalement, c'est l'éclat; la confusion des corps et l'une des nombreuses voix des narrateurs de ce Catre décide de raconter l'histoire comme s'il s'agissait d'un match de rugby. Par ce procédé révélateur les métaphores s'agrandissent succesivement et les corps entrelacés deviennent le pays entier et forment ainsi une vision particulière et intense de l'Argentine, ou au moins de plusieurs de ses secteurs sociaux les plus représentatifs. Quand on le lit dans cette perspective, ce n'est pas par hassard que les héros chantent quand, tristes et sommolents ils quittent la maison, un air dont la seule musique possible c'est La marcha de San Lorenzo pendant que le soleil se lève derrière le temple des Derniers Jours. (Editions de la Flor, Buenos Aires, 1985, 129 pages). Emilio Toibero.


De Daniel Ponzo, en Clarín, Cultura y Nación, (Buenos Aires), 20 de febrero de 1986, p. 7, col. 1-5.

     Entre alucinante y sensual, poético y a la vez elocuente, resulta ser este libro de Alfredo Becerra, periodista y escritor contemporáneo que se inició hacia fines de la década del '50 incursionando brevemente como cuentista.

     No oculta Becerra que no quiere (ni debe) dejar en su relato rastro alguno de su actividad periodística y para ello estructura ésta, su primera novela, en un entorno no exento de cierto misticismo romántico.

     Así, una noche de juerga de unos jóvenes estudiantes jugadores de rugby se transformará en una alucinante alegoría donde maternales madamas cobijarán a sus púberes debutantes en tanto otras docentes del sexo les tomarán los "exámenes" pertinentes.

     Al jugoso diálogo que de ello se origina, Becerra agrega cierta cuota de misterio confundiendo con acertijos y juegos superpuestos sobre temas tan diversos como el sexo y la literatura, la físico-química o las leyes.

     Lo cierto es que la política o el trabajo no forman parte de los temas tocados por sus niños personajes, pero al parecer la omisión no es tal. A riesgo de parecer superfluo, Becerra ha elegido a estos "gentiles niños" como sus "partenaires" precisamente por ser en ellos donde más claramente se ve reflejada la indefinición y el pasatismo adolescente.

     Sin embargo, su trabajo no se opaca por ello. El clima creado y ese doble lenguaje elegido sirven para que las confesiones, que inevitablemente habrán de surgir de la embriaguez, encuentren el terreno propicio donde ser volcadas y a la vez olvidadas. Ese entorno es entonces el necesario y único posible y es donde esos niños borrachos, por su doble condición de tales, no tendrán otra alternativa que la verdad.


De Eduardo Romano, en Tiempo Argentino, (Buenos Aires), 9 de marzo de 1986, p. 6.

     Excéntrico, el título de esta primera novela del bahiense Becerra (1942), conocido por su intensa labor periodística y sus cuentos, combina dos aspectos destacados de su texto: lo sexual (metonímicamente aludido por el catre) y la tendencia discursiva a acumular diferentes discursos (polifonía). La sencilla anécdota refiere en quince fragmentos (todos titulados con un dístico octosilábico burlón), cómo un grupo de rugbiers-estudiantes festeja un triunfo deportivo y el supuesto "debut" sexual de uno de ellos. Guiados por Horacio, el capitán, recorren la zona de burdeles en busca de una tal Norma, cuyas destrezas, según aquel, son inigualables. El festejo en el lenocicnio, durante el cual ocurren algunos episodios desopilantes, culmina con el amanecer y la retirada.

     Tal encuadre, que le permite desplegar una serie de estallidos verbales por momentos brillantes (quinto fragmento), inesperadas incrustaciones de citas literarias, del cancionero popular o de las rimas infantiles, una sutil parodia de diversas jergas (la periodística, la jurídica, la culinaria, la épica, etcétera), un hábil interrogatorio académico en el que diversas mujeres (actrices, políticas, personajes históricos, seres mitológicos) preguntan sobre temas que fluctúan entre las ciencias y el coito, conforman un texto indudablemente joyceano.

     No olvidemos que la segunda parte del Ulysses (1922) presenta una visita de Bloom y sus amigos a Mabbot Street, calle prostibularia, lo cual origina una prodigiosa fantasmagoría con elementos del delirium tremens, de la orgía, de la danza macabra o la noche de Walpurgis. Como su maestro y guía, también Becerra degrada procedimientos retóricos heroicos (la arenga de Andrés a su pene, inesperadamente perezoso, y el planctus o lamento de Horacio que le sigue) y se complace en los juegos verbales. "Enrostraron pantalleando desentonaron sobajeando enquilombaron pendejeando interiorizaron monitoreando depositaron refocilando cajetearon acoplando". Un interesante ejercicio literario, en suma, que deja en suspenso las posibilidades del autor para aplicarlo a empresas más trascendentes.


De R.P, en La voz del Interior (Córdoba), 23 de marzo de 1986.

     A la prolífica trayectoria como periodista de Alfredo Becerra -actual secretario de Redacción de La Razón- hay que agregar, desde Catre Polifónico en más, su carta de ciudadanía en el ámbito de la literatura nacional. Se trata de su primera novela, aunque en nuestra opinión y coincidiendo con Antonio Di Benedetto, no sería posible hablar de novela, sino más bien de relato.

     Su contratapa reza el argumento de superficie, en cuya redacción adivinamos más un canto de sirena de neta intención comercial que una ajustada síntesis de la obra: "Un grupo de estudiantes festeja en un burdel el 'debut' de uno de ellos, luego de jugar un partido de rugby y en vísperas de exámenes. Pelean, se emborrachan, rematan una muchacha y se divierten de mil maneras, con un lenguaje de fuerte impacto y en medio de escenas alucinantes".

     ¿Qué espera el lector después de esto? Pues se apresta a leer el diario de una orgía. Pero tapas adentro, cruzando el espejo, nos encontramos con un texto que despoja al lector de las convenciones narrativas más comunes; así, será posible encontrar junto a los personajes y en una misma trama textual -pero respondiendo a "claves" diferentes- a Ema Bovary, Juana de Arco y Briggitte Bardot.

     Se trata de un texto abierto, polifónico, pues alberga un conjunto de voces simultáneas -y sus correlativas connotaciones- que, además de enriquecerlo, lo potencian y dinamizan. En un alucinante despliegue de registros narrativos, el autor yuxtapone -aunque no se trata, en rigor, de un mero acoplamiento sino de un verdadero enlace de mecanismos asociativos- por ejemplo, las alternativas de un partido de rugby, la consumación de un acto sexual y las más variadas disquisiciones jurídicas acerca de la posesión.

     Las coordenadas temporo - espaciales también son trastrocadas produciendo acciones en las que se fusionan y coexisten momentos y escenarios pasados, presentes y futuros presentados bajo un lente funambulesco, paródico.

     El desenfado con que Alfredo Becerra trabaja el lenguaje merece un capítulo aparte. A la destreza en el manejo de la jerga periodística, jurídica y deportiva hay que añadirle el logro de un -por momentos- verdadero collage en el que conviven escandalosamente alterados, fragmentos de los clásicos, del romancero español ("Moca tan fermosa non vi otra ramera que aquesta copera tan libidinosa"), con letras de tango y jergas prostibularias, entre las cuales aparece la música -aunque no la letra- de las punzantes redondillas de Sor Juana Inés de la Cruz.

     Pero todo lo reseñado no responde a un alarde pirotécnico de manejo verbal; es correlato sí de una concepción -para nada estrecha y dogmática- de la obra literaria abierta, hecha de sucesivas tramas que permanentemente están refundiéndose.

     Becerra conjuró el desafío de generar una obra proteica, movilizadora; el desafío, ahora, es para el lector.


Diccionario razonado de la literatura y la crítica argentinas (siglo XX), Tomo I: A-G, El 8vo loco, Buenos Aires, 2010.

     Becerra, Alfredo (Bahía Blanca [Buenos Aires], 1942). Abogado, periodista y escritor. Publicó varios artículos y cuentos en diversos medios gráficos. Su primera novela, Catre Polifónico (De la Flor, 1985), es un relato en tono jocoso y metaliterario sobre un grupo de rugbiers que buscan a una prostituta -Norma- en la zona de los burdeles; la mezcla de registros (polifónico) y la actividad sexual (catre) articulan los quince capítulos del relato.

Es también autor de Fuga de los Estados (Caja Editora, 1994), novela histórica con una narrativa periodística sobre la fuga de treinta presidiarios del penal de la Isla de los Estados, y editor de Protestas por Malvinas (1833-1946) (Caja Editora, 1998), recopilación de más de cincuenta documentos sobre el conflicto en torno a las islas desde la ocupación británica en 1833. Sus libros cuentan con ilustraciones propias. D.M.

[Catre polifonico] Alfredo Becerra, Catre polifónico, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1985.

   
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