«Abracadabra», Diccionario Enciclopédico Hispano - Americano I, Barcelona, Montaner y Simón, 1887.

     De Abracadabra decíase en el siglo XIX(1) que fue un ídolo de Siria, a cuyo nombre, repetido un número determinado de veces de cierta manera, se atribuían virtudes mágicas para curar las calenturas y otras enfermedades.

    Algunos llevaban este nombre escrito, ya en una cinta o en un papel, ya en la misma piel. Hoy suele usarse como sinónimo de cosa misteriosa y sorprendente por lo ininteligible.

    La etimología de esta palabra cabalística es muy incierta. Unos la hacen provenir del hebreo ab, padre, ruah, espíritu, y dabar, palabra; etimología según la cual abracadabra podría significar la trinidad. Otros creen que dabar es verbum, palabra; y abraca, benedixit, bendijo: el verbo (lo) bendijo.

    Otros consideran esta palabra como compuesta de abrasas, denominación persa de la divinidad, y del hebreo dabar, palabra, palabra divina. Otros creen que proviene de la repetición del nombre Abraxas.


A B R A C A D A B R A
 A B R A C A D A B R
  A B R A C A D A B
   A B R A C A D A
    A B R A C A D
     A B R A C A
      A B R A C
       A B R A
        A B R
         A B
          A


A B R A C A D A B R A
A B R A C A D A B R
A B R A C A D A B
A B R A C A D A
A B R A C A D
A B R A C A
A B R A C
A B R A
A B R
A B
A


A B R A C A D A B R A
   B R A C A D A B R
      R A C A D A B
         A C A D A
             C A D
                A

    Podía escribirse de varios modos, pero siempre en forma de triángulo.

     Trazada de esta manera, la palabra era encanto eficacísimo contra las fiebres intermitentes, especialmente las cuartanas. Era también preciso que se escribiese en un pergamino cuadrado que el enfermo debía llevar colgado del cuello con un hilo que hubiese cruzado el pergamino: si el enfermo lo había llevado así, durante 8 días, al noveno tenía que ir a un río cuyas aguas corrieran en dirección al Oriente, quitarse el pergamino y arrojarlo hacia atrás sin volver la cabeza.

     La creencia en la virtud curativa de ciertas palabras mágicas, se remonta a la más oscura antigüedad y ha llegado hasta nosotros.

     Esta virtud curativa fue reconocida oficialmente, en 13 de octubre de 1654, por el rey de Portugal don Juan IV, quien concedió al soldado Antonio Rodríguez, 40 000 reis anuales por las curas hechas por palabras, y para que asistiese al ejército y éste pudiese valerse de él. Sin embargo Ana Martín fue condenada, porque curaba bendiciendo, como antes era uso, y aplicando al enfermo, para mayor seguridad, la llamada reza dos feitiços, por servir para toda doença. También usaba esta curandera portuguesa la oración (reza) del angel custodio, por ser eficacísima para expulsar todos los achaques y aún los espíritus malignos, a los cuales hacía salir de los cuerpos de los poseídos por el demonio. En el proceso de esta misma Ana Martín, en 1649, se halla la llamada oración con que curaba a los enfermos, bien insulsa por cierto.

     Natural es que teniendo virtud curativa las palabras pronunciadas, conservasen su eficacia por escrito, y hasta que aumentara tal virtud a causa de la permanencia del encanto. No consta que con la simple enunciación oral curase intermitentes la voz abacadadra; pero es muy de suponer que, antes de colgarse escrita al cuello de los enfermos, hubiese revelado sus virtudes con solo pronunciarlo.

     Sea de esto lo que fuere, es lo cierto que la combinación de sus letras constituían una palabra religiosa, y que, el emplearla como curativo, se refiere a la creencia popular de que hay males o enfermedades que se curan con palabras y oraciones.

     Conrado de Witemburgo, en su Doctrina de Magia, habla de dos clases de palabras usadas por los mágicos, y cuyas virtudes son maravillosas. Entre las primeras se hallan Jehová, Jesús, Abracadabra y además Sator, Arepo, Tenet, Opera, Rotas.

     En la segunda clase se encuentran las siguientes: Nomen Dei et Sanctæ Trinitatis, quod tamen in vanum assumitur, contra acerrimum summi legislatoris interdictum. Exod. 20. Como restos de esta antigua creencia en la eficacia medicinal de palabras sagradas, ha llegado hasta nosotros esa multitud de ensalmos y conjuros que los rústicos y pastores poseen y que por nada quieren descubrir. Quizás, como en protesta del exagerado valor concedido a la palabra escrita, la gente campesina y vulgar cree que las oraciones y palabras curativas pierden su virtud cuando se escriben o comunican.

     Abracadabra ha servido y aun sirve como contraseña de los iniciados en algunas sociedades secretas, pero sin sentido ninguno especial.

     Todo esto y tal vez más decíase en el siglo XIX de Abracadabra.




     Notas
     1. «Abracadabra», Diccionario Enciclopédico Hispano - Americano I, Barcelona, Montaner y Simón, 1887.
                         clickable image
                     clickable image  
www.000webhost.com